En enero del 2014 nace Bandolerxs Culturales.Es un proyecto social y educativo que pretende desplegar las diversas herramientas profesionales y artísticas de sus integrantes a través del contacto con instituciones educativas, artísticas y sociales de base comunitaria.Se desarrolla en comunidades indígenas, urbanas y rurales.Destinado a niños/as, jóvenes y adultos.
Hablamos de Violencia de Gènero en Armenia. Construyendo e Intercambiando entre todxs...
El día 16 de mayo del 2017 en el Auditorio de la Alcaldìa de Armenia, Quindío, Colombia, hablamos e intercambiamos experiencias y saberes sobre la violencia de gènero y sus diversas manifestaciones.
- " Herramientas para abordar la asistencia a mujeres sobrevivientes de violencia de gènero", orientado a profesionales.
- "Violencia Domèstica y Daños en la Salud de las Mujeres, Herramientas de Empoderamiento", orientado a mujeres de la sociedad civil
Bandolerxs Culturales en Página 12
SOCIEDAD › BANDOLERXS CULTURALES, EL PROYECTO ARTISTICO DE UNA PAREJA INQUIETA
Asaltar los caminos con arte
Docente en Filosofía y artista él, trabajadora social ella, fotógrafos por vocación ambos, desde hace un año Nicolás Ravignani y Rocío Oliva recorren la región en su camioneta, para dar talleres culturales y de cine mientras conocen Latinoamérica.
El 20 de diciembre de 2014, el docente de Filosofía y artista escénico Nicolás Ravignani y su compañera trabajadora social especializada en temas de género, Rocío Oliva, ambos fotógrafos, convirtieron su camioneta VW de 1983 en una casa equipada para recorrer América latina en un viaje que “no busca recorrer caminos del turismo”. Los viajeros salieron de la ciudad de Buenos Aires con sus herramientas de trabajo: dos cámaras, un proyector, pinceles, pinturas y lienzos blancos. A lo largo de un año se llenaron de fotografías, cuadros y producciones audiovisuales, que hoy componen los fragmentos del viaje y el corazón de su proyecto artístico Bandolerxs culturales.
“El viaje no fue pensado como turismo, nosotros no queremos tomar la travesía como una cuestión de placer personal sino como una intervención político cultural para aportar al acceso a la cultura”, contó Ravignani en diálogo con Página/12.
La pareja, proveniente de la localidad de Las Varillas –al sudeste de Córdoba– en el caso de Oliva, y de la localidad bonaerense Alejandro Korn, en el de Ravignani, comenzó a trabajar como equipo pedagógico en el bachillerato popular Casa Abierta de la Villa 31. Según contó a este diario Ravignani, “todas estas experiencias conjuntas y por separado nos llevaron a querer construir desde lo social pensando en intervenir”. El viaje comenzó como un deseo de viajar y conocer lugares de América Latina. Pero además la pareja tenía anhelos de realizar la travesía con “una veta artístico política conjugando herramientas de diferentes áreas de la cultura y entendiendo lo político en lo cotidiano más que en lo representativo”, amplió Nicolás.
El primer destino de la casa/camioneta fue Córdoba y el resto del recorrido fue por el Litoral, por las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones. La primera frontera que cruzaron fue la de Paraguay; de ahí en adelante realizaron un recorrido de varios meses por Bolivia hasta llegar a Perú, que es el lugar donde están ahora.
“Al principio queríamos tener todo esquematizado y por suerte empezamos a aprender que era posible que todo se fuera dando. Salimos y empezamos a abrir posibilidades. Intentamos, dentro de lo posible con nuestro aspecto de gringos, borrarnos, para no ir como turistas a los lugares porque eso te aleja de la cotidianidad del lugar y de las posibilidades de acceder a la veta cultural”, amplió Ravignani.
Los artistas decidieron que la forma de acercamiento debía ser la intervención artística. “Cuando uno es un turista, es un billete caminando y no queríamos eso. Nuestro intercambio era otro. Por eso decidimos evitar polos turísticos y empezamos a caer en pueblos a los que llegamos guiados por las rutas. Quisimos devenir en forasteros, en términos de que no generás expectativas económicas sobre tu persona pero llamás la atención, lo cual es clave, sobre todo muy aprovechable cuando uno va a hacer intervenciones y arte en general” relató Nicolás.
El trabajo de los Bandolerxs Culturales es con el arte visual y audiovisual. “Hacemos ciclos de cine y talleres en los últimos años de escuelas secundarias de los pueblos a los que vamos. Los talleres son sobre cultura, globalización, imperialismo cultural y no vamos a bajar línea sino a aprender en qué sintonía están los jóvenes a lo largo del país” expresó el artista.
Además, agregó, “trabajamos muchísimo el tema violencia de género que es algo que se instaló bastante en Argentina pero que en el resto de América Latina te vas dando cuenta de que recién comienza a aparecer como discusión en el tejido social, está muy arraigado el machismo de la mano de la religión”, expresó Ravignani.
Las rutas provinciales y nacionales dieron a la VW del 83 las direcciones para recorrer. “Nosotros llegábamos a los pueblos sin GPS, solo eligiendo rutas. De acuerdo a la primera conexión con el lugar y las posibilidades de dar algo auténtico es que decidíamos quedarnos y hacer la propuesta. Lo que más pasa en estos casos es que llegamos a las plazas de los pueblos para ver cómo es el lugar. Las plazas son referencia, hablan del pueblo, de acuerdo a cómo son los escenarios, quienes están por ahí dando vueltas, que expresión artística protagoniza el lugar.
“Perdimos la cuenta de los lugares que recorrimos y nunca pasan más de diez días sin que hagamos alguna intervención”, contó el artista. La idea organizadora es que haya acceso libre a la cultura y el arte como pudimos vivir en estos últimos años en Argentina, nos movemos con una filosofía de que el arte no es una mercancía”, amplió el docente de filosofía.
Un anochecer, los viajeros decidieron parar en la localidad de Pojo, departamento de Cochabamba, en Bolivia. “Cansados de las permanentes fallas de la camioneta, fuimos a buscar una ducha a la Municipalidad y cuando contamos lo que hacíamos nos pidieron que no nos fuéramos. Nos trajeron gente del Consejo de educación con la que decidimos hacer una proyección y vinieron montones, cientos de personas de familias de zonas rurales”, relató Nicolás.
“Hicimos ciclos de cortometraje y mediometraje para generar una mezcla atractiva para niños pero con una temática que no sea infantil, lo cual incluye a los adultos. La idea es que el audiovisual genere el encuentro con la representación de lo propio y su auto percepción, para ponerlo en discusión”, expresó el viajero.
“De los pueblos nos llevamos infinito amor, uno vive experiencias comunitarias hermosas. Porque hay reacciones cuando uno aporta su intervención artística que no son retribuciones económicas, son regalos, comida de las chacras familiares. Así, nos relacionamos con el otro de una forma totalmente distinta a la económica”, concluyó Ravignani.
Los viajeros de Bandolerxs Culturales llevan consigo sus pinturas, fotografías y materiales audiovisual.es las que aparecen reflejadas las experiencias que cada uno de los pueblos dejó plasmada en el proyecto. En la actualidad, algunas de las producciones, así como el recorrido de la camioneta, se pueden encontrar en su página de Facebook “bandolerxs culturales”. Además, los viajeros aceptan sugerencias y colaboraciones de cualquier tipo al correo electrónico cosechan do.vpa@gmail.com.
Informe: María Fernanda Rezzano.
El quinto país y su gente
Lxs Bandolerxs finalmente
lograron cruzar limites ficticios, fronterizos. Fueron muy bien recibidos del
lado llamado “Colombia”… tanto que hasta la joven oficial aduanera, se entusiasmó
con la idea de la cafetería ambulante. Acto seguido del otorgamiento de los 90
días para que el Caracol y sus tripulantes recorran tierras andariegas, la
joven confirmó que lxs bandolerxs estaban llegando al lugar adecuado.
El Santuario de las Lajas quiso
ser el primer lugar de abrigo… pero ante la falta de tabaco y la actitud
extremadamente devota y peregrina de sus habitantes, que confiesan con pesar no
tener tabaco para vender (pero si espumosa cerveza); y siendo la noche
lloviznosa y fría, lxs bandolerxs resuelven transitar 5 kilómetros más y llegar
así al pueblo del que habían escuchado hablar: Potosí. Alli fuman tabaco y
debaten cómo solucionar el problema del caparazón del caracol. Se ha caído una
vez más y amenaza con seguir haciéndolo si las carreteras con las que se
encuentra están pozeadas y no se refuerza.
Asi es que comienza el caminar
las calles de Ipiales, explicando que hay un caracol con su caparazón en estado de
emergencia. Aparecen Wilmer y Giovanni, dos jóvenes muchachos de pocas palabras
que saben con sus silencios confirmar que se podrá contar con ellos, con sus
herramientas y su amabilidad.
Gracias FerreLaminas por ser
parte de nuestra aventura; enseñándonos que no hay mejor maestro que aquel que
humildemente se despoja de lo que tiene para compartirlo. Aquel que trabaja en silencio
a tu lado, observándote y guiándote para que sigas caminando. Aprendiendo.
Colombia se abre para recibirnos
y nosotrxs estamos inmensamente dispuestos a penetrar en ella.
1 SEMANA EN LA FRONTERA
Aquel que ha
recibido el nombre de “Caracol”, ya por varixs conocido, junto a sus bandolerxs
tripulantes a bordo, han llegado el día 6 de marzo del corriente a tierras
“fronterizas”. Puente Rumichaca ha sido bautizado. Según la leyenda quechua es
el “puente de piedra”; luego de la conquista se convirtió en la estructura arquitectónica
que divide Ecuador de Colombia.
Sobre el hermoso
brazo de un río, crece un floreciente mundo boscoso. Lo han dividido en dos
partes, han trazado un puente y construido a su alrededor instituciones
estatales que reciben a diario, las 24 horas, a miles de migrantes, viajerxs de
un lado al otro del largo río.
El lugar merece un relato aparte. Quien escribe
se encuentra obligadx a interrumpirlo para relatar lo acontecido in situ,
mientras buscaba palabras.
Encontrándose
dentro de las instalaciones migratorias ecuatorianas, puede verse una fila que
la conforman cerca de 30 personas. En frente de ellas se ubican 4 cubículos
espejados con funcionarixs migratorios dentro. Hacen preguntas. Introducen
información en “el sistema”, sellan pasaportes y tarjetas andinas. En general el
sonido del ambiente es de silencio. Se escucha murmar bajito a rostros
preocupados, se hacen preguntas legales entre sí cuya
respuesta desconocen; fruncen el ceño, comparten experiencias vividas en otras
fronteras, le relatan al desconocido de adelante por qué dejaron Venezuela, por
qué abandonar algún país de Centro América, por qué viajar a Perú, porqué ir a
Ecuador procurando "hacer muchos dolaritos", relatan el por qué de tantos viajes hacia Colombia.
Otrxs, cargan mochilas de viajerxs y con más entusiasmo en sus rostros hablan
de todos los lugares que visitaran. Algunxs escuchan y parecen hacer el esfuerzo
mental por comprender el español que suena…como murmullos bajitos. Es en medio de este
silencio murmurante, cuando se rompe el sonido habitual ingresando un señor de estatura baja con una
bolsa de obos en la mano (fruto dulce característico de Ecuador). Se dirige a
la altura media de la fila y comienza a conversarle en un tono que puede
escucharse en todo el lugar, a un señor mucho más alto que él, de piel morena,
de tonada venezolana. El exuberante señor de tono elevado lleva bermudas verdes
y una camisa estampada caribeña. Con lo más característico de su tonada
argento-chilena le relata al venezolano con lo que se acaba de encontrar:
-¿Vieron eso?
- No, ¿qué?
- Hay afuera,
hay una kombi, de unos argentinos. Hace 2 años que viajan. Están haciéndose un
pastel de manzana. Tienen su cama, su cocina. Esa es la buena vida hueóon.
- Qué bueno pana
y ¿Quiénes son?
- No sé.
Bandolerxs son hueóon. Eso dice la kombi.
Se escuchan
risas y el murmullo ya no es tan bajo. El señor bajito de bermudas verdes había
roto el silencio y el clima de velorio que reinaba en el lugar. Rápidamente le
tocó enfrentarse al funcionario migratorio y se dispuso a buscar el tan ansiado sello en
su pasaporte. El silencio volvió a ser el protagonista de la oficina de
migración donde se hace fila para salir o entrar a Ecuador. Todo volvió a la
rutina murmurante de humanxs que caminan hacia el “control migratorio”.
Observando
escenas como estas, van 8 días y 7 noches. Es el lugar donde acontece casi todo
lo que a la imaginación humana se le puede ocurrir. Desde agentes secretos no
tan secretos, camiones antinarcóticos no tan antis, revisaciones vehículares
constantes, baños sucios, cambistas que usufructúan con el valor del dólar y el
peso colombiano, quesadillas que sufren el calor del sol, la vecina con su
tiendita ambulante de cigarros y golosinas, oficiales que sugieren hablar con
los medios de comunicación y confirman de ese modo la molestia que genera la
presencia bandolera en un lugar de tantos actos ¿lícitos o ilícitos?
La
experiencia transcurre del lado que dice llamarse “ecuatoriano”, aunque lxs
bandolerxs recorren a pie uno y otro lado fronterizo de los 2 países
limítrofes. Parece que buscan comida para la subsistencia de tantos días.
Conversando con lxs vendedorxs de cargadores y chips se anotician de la
posibilidad de encontrar agua. De este modo,
lxs bandolerxs conocen a Don Raúl y su esposa Marta. Ellxs le confirman del
tesoro que vive descendiendo por una escalera formada naturalmente, como a 6
metros hacia abajo, desde la cual proviene agua caliente que según el relato de
lxs lugareñxs “viene directamente de la montaña”.
Lxs Bandolerxs
esperan que el agua sepa limpiar toda burocracia, falta de voluntad y lentitud
de la que están siendo prisioneros. Dicen que se quieren ir. Que la situación
no es cómoda. Conversan sobre los riesgos. Sobre cómo fortalecerse de tal
experiencia. Tejen mandalas. Hacen manillas. Estudian mapas de Colombia.
Revisan el motor del Caracol. dibujan, pintan.
Se preparan,
como mejor les sale, para conocer el 5to país de su aventura bandolera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


































